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MEMORIAS DE UN CORAZÓN AURINEGRO

El pasado jueves 7 de julio, el redactor Fran Rodríguez, de www.tenerifedeportivo.com, colgaba un magnífico artículo, haciendo una breve semblanza de nuestra Secretaria, Acacia González. En ella, dicen muchas cosas, dejando muy nítido el sentir como aficionada, como socio del CB Canarias y como miembro de nuestra Peña. Manifestando, que el Club Baloncesto Canarias tiene que ser imperecedero y que defenderemos con uñas y dientes.
Aquí transcribimos íntegramente el artículo:

Apuñalados en el corcho. Inamovibles, eternos. No besarán nunca la soledad fría de la pared, no caerán muertos vencidos por la gravedad. Urreizti, Calvo, Coego… Los que están y se irán, los que permanecen, los que nunca debieron marchar, los que vendrán. Hija, hermanas, mamá, cariño… Una firma, una dedicatoria y la bufanda de siempre. Son tantos los recuerdos que empañan los cristales y puede que no se haya inventado aún el fusil que aplaque tantas sonrisas en una sola. Quizás el tiempo cambie la voz, la pintura disfrace la verdad o sus gafas disimulen el verde de sus ojos, pero su corazón es y será, por siempre, aurinegro.

“Yo escuchaba los partidos por la radio. Si ganaban, salíamos a celebrarlo, si perdíamos nos quedábamos en casa”, recuerda con cariño. Un amor desencadena otro amor y así sucesivamente. Esa ha sido la teoría de vida de Acacia González López, enamorada incansable de su familia y del CB Canarias. “Primero fue el Canarias y después fue el baloncesto”, afirma mientras rememora aquéllos años en los que mecanografiaba sin reposo para ayudar a quienes ocupaban su afecto, su esposo y el club de sus amores. La pasión por el escudo lagunero copa ya más de veinte años en la vida de Acacia, quien en los albores de la década de los noventa, entre la época más laureada e inolvidable del club y su posterior declive, empezó un apoyo incondicional a unos colores y a un sentimiento, al CB Canarias.

Acacia, lagunera de nacimiento, se crió en el seno de una familia tan normal como otra cualquiera. Sin sobresaltos ni episodios graves creció afanosamente en un hogar en el que no se asomaba el aro, mucho menos el tablero: “En mi casa era el fútbol. Tan solo había una televisión y veíamos todo el fútbol, todo el que pusieran en la televisión”, cuenta de aquellos tiempos inocentes. Con el paso de los años y la consolidación de la democracia española, aquella muchacha decidió acudir a la Universidad de La Laguna, no exenta de las dudas iniciales y de la situación de su entorno: “Yo quería estudiar Periodismo, pero en esa época, no se pudo salir fuera y en esos tiempos para una chica con 17 años era muy complicado salir y económicamente era también difícil. Me gustaban los niños, me gustaba enseñar y así fue cómo me decidí por Magisterio que era mi segunda opción”, explica Acacia, quien actualmente ejerce como maestra de los hombres y mujeres del mañana.

Corría el 1989. Era el año de la caída del Muro de Berlín, del Telón de Acero, de la invasión a Panamá y de los años más dorados de la entidad canarista. Hernández Rizo dirigía una escuadra que caminaba al son de la máxima categoría del baloncesto español y se apoyaba en los hombros de Pedro Solana, Salva Díez y el ex NBA, Kurt Numphius. Esa temporada la salvación se obtuvo a costa del Tenerife Número Uno, en una eliminatoria imborrable en el recuerdo de los que tuvieron la suerte de vivirla. Acacia forjó allí, desde ese año, el sentimiento admirable de un amor altruista e incondicional por un club al que había llegado casi por azar, pero del que más nunca se desprendería. Para ella, el mejor y único de sus hobbies es “el Canarias y en verano parece que me falta algo. En vez de estar disfrutando de las vacaciones, estoy pensando en cuando llega la pretemporada” comenta.

Acacia es miembro de la peña “Los Pollos Amarillos”, fundada en 2010, aunque reconoce entre sonrisas que “yo antes era igual que un peñista”, y expone que entre un aficionado normal y un peñista “la única diferencia es que podemos estar un poco más organizados, que hacemos cosas en común de cara al club, pero, de hecho, a mi lado se sientan personas ajenas a la peña que animan igual o más que nosotros”, sostiene. Su entrada a la agrupación fue como casi todos su amores “de casualidad”, pues “yo era de las que decía que yo era independiente, que yo no quería meterme en ninguna peña. El presidente de la peña fue el que me lió y el que me convenció en todo esto. En principio era para ayudar, tanto a él como a la peña, pero en ningún momento pensé en entrar de lleno como lo hice”, asegura.

Acacia González. Secretaria del
Frente los Pollos Amarillos
De su papel con los “Pollos Amarillos” resalta que “la peña me facilita el poder estar ahí, en primera línea”, y añade que “son gente joven y me transmiten ese espíritu de juventud y las ganas de estar siempre al pie del cañón”. Sin embargo, advierte que “es complicado estar en una peña. No es solo lo que ven en el estadio, estar sentado, animar, llevar una camiseta y que el abono te salga más barato. Eso no es la peña, la peña es algo más y también hay que trabajar y requiere una serie de obligaciones. En la peña formamos todos una familia y entre unos y otros siempre nos ayudamos”, declara.

Para cualquier aficionado con un ápice de devoción, siempre existen los momentos duros, los que ponen a prueba si el amor es verdadero o simplemente es una nimiedad pasajera. Para esta peñista uno de ellos es el no poder lanzar su apoyo en el parqué por el que marchan sus jugadores, no acudir presurosa al estadio. Acacia ya sabe de sobra lo que supone no ver jugar a su equipo: “La primera vez que dejé de ir al principio lo pasas mal, porque es como si algo te faltara. Las semanas se pasan más rápido, porque quieres que llegue el viernes para ir al partido, pero con el tiempo se va olvidando, hasta que otra vez te llega de nuevo la ilusión”, recuerda de aquella situación, del proceso de unión que creo al CB Tenerife-Canarias SAD y que ella rechazó negando su apoyo y con la ausencia en su asiento.

Su postura puede ser legendaria o egoísta, mas no pude dejar de ser admirable: “Como peña estamos por el baloncesto Canarias y desde el momento que deje de ser el Club Baloncesto Canarias, la peña dejará de existir, no como peña, sino en el sentido de que no animaremos a ese club que salga si no es el CB Canarias”, explica. Acacia es consciente de la situación actual del baloncesto tinerfeño, aunque es más clara aún en sus planteamientos: “La desaparición del CB Canarias como club lleva aparejada la desaparición de su identidad. Desde el momento que desaparezca esa identidad, ya no existe el club, por mucho que se llame CB Canarias”, asevera. Su dedicación y esfuerzo es para un club al que adora y al que solo prestará su cariño si lo reconoce como tal. En sus pensamientos solo cabe su apoyo al CB Canarias por la simple y llana razón de que ella es aficionada del club aurinegro, sin más: “Yo, la peña y muchos aficionados no vamos a animar, ni estamos velando por el baloncesto de Tenerife. Nosotros estamos por el CB Canarias, somos aficionados del CB Canarias”, afirma.

Acacia, quien no deja de reconocer que en un principio apoyó el proceso de convergencia, muestra su postura actual, la que el pasar de los días y las acciones de las partes han ido modelando en su psique y en su mente: “Yo creo, espero y deseo que esto se rompa y que no llegue a ningún puerto, lo deseo con todas mis fuerzas. La peña tampoco ve muy claro cómo va a terminar esto, porque parece que cada uno va por su lado, el Tenerife, nosotros, según ellos, parece que también vamos por nuestro lado”, razona la peñista, quien insiste en el sentimiento de identificación del aficionado, que va un paso más allá del baloncesto en general: “Al que le interese lo que es el baloncesto en general y le parezca igual un equipo que otro, pues claro que pensará que es un planteamiento egoísta, aunque también es verdad que a mí, ni a nadie, le gustaría ver a su equipo borrado de un plumazo”, arguye y expone que “aquí, en Tenerife, una unión real no se puede hacer. Hay dos partes muy dolidas y si se hace una unión o una fusión será porque alguien o algún político da un golpe sobre la mesa y obligue a ello, pero sería en una situación in extremis. Sin embargo, una de las partes se retirará”, afirma.

El cambio de pabellón ha sido también un proceso al que los aficionados tuvieron que adaptarse pues “nosotros, los aficionados, pensábamos que el bajar al Santiago Martín tenía que ser algo natural. Es decir, subimos a la ACB, esta no te permite jugar en un pabellón con un determinado número de asientos como tenía el Ríos Tejera y habría que ir al Santiago Martín y la gente, así, habría ido. El hecho de cómo se hizo, quién propuso que jugáramos en el Santiago Martín y todo lo que rodeó al hecho de ir a jugar al Santiago Martín hizo que mucha gente se quedara por el camino y que se fuera perdiendo la familiaridad que tenía el Canarias en el Ríos Tejera. Ese terminar el partido y esperar afuera a que salieran los jugadores, los niños sacarse fotos, pedir autógrafos, estar prácticamente una hora más después del partido allí fuera esperando a que saliera Chagoyen, Richi… Aquí se ha perdido. Termina el partido y cada quien para su casa”, explica.

Sea como fuere, sin convergencia o sin ella, Acacia personaliza unos valores sólidos y fieles al CB Canarias. Su rutina antes, durante y después de cada partido se antoja como un acto de fe solo equiparable al santuario aurinegro que preside las paredes de su hogar. La hora, la ropa, el cántico y las estadísticas son baluartes imprescindibles cuando entra a escena el juego de cada semana. Pura pasión para una canarista que sueña con ver jugar a su equipo en la ACB.

Mujer, madre, hija, esposa y profesora. De sus labios nunca perecerán Coego, Urreizti o Calvo y en su memoria se mantendrán firmes Ray Smith, Pedro Solana o Carmelo Cabrera. Puede que su nombre no se resguarde en los olvidadizos anales de la historia, pero su corazón es aurinegro y eso, por lo menos, es eterno.

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